Wendy


¿Te acuerdas de aquella vez en la que me hiciste tantas promesas? Era un bonito día de primavera. Yo vestía de blanco y un señor nos preguntaba muchas cosas. Nos hizo prometer algo acerca del respeto, la fidelidad y el trabajar codo con codo por un futuro común. La pregunta que me hago es si, tras veinte años, ese compromiso se ha desvanecido, o si la tinta con la que firmamos aquellos papeles se habrá borrado. O quizás no nos leímos la letra pequeña, ya sabes cariño, que todos los contratos tienen letra pequeña, esa que nadie lee y que después te complica la existencia hasta la nausea.

Cuando dijimos que tendríamos proyectos en común, yo entendí que tabajaríamos al unísono, ayudándonos el uno al otro a mejorar y a construir un futuro para los dos. No entendí que tú darías la idea para después cargarme a mi con toda la responsabilidad mientras tu cometido consiste en volver del trabajo y ver la televisión.
Cuando hablamos de respeto, yo asumí que era mutuo. Asumí que el respeto empieza en uno mismo y que el "todo vale" no entraba dentro de ese concepto. Más bien, pensé que los límites los íbamos a marcar entre nosotros. No me importa lo que hagan los demás, me importa lo que hacemos nosotros. Si me ignoras, me faltas al respeto. Si me contradices delante de los niños me estas faltando al respeto. Si me tratas delante de los amigos como si tuviese catorce años, me faltas al respeto. Si me das cachetes en el trasero en mitad de la calle, cosa que odio, me estas faltando al respeto. Si me llamas tonta, me estas faltando al respeto, aunque a ti te parezca lo contrario.
¿Y que me dices de la fidelidad? ¿Crees que es suficiente con no irse a la cama con otra persona? ¿De verdad crees que en eso consiste la fidelidad? ¿Son infieles las parejas que hacen intercambios? ¿O todo dependerá de dónde se marquen las fronteras? ¿tienes claro dónde se encuentran las mías?

No estoy delante de ti, ni tampoco detrás. Me tienes al lado, pero no me ves, porque delante tuyo siempre hay un aparato que te entretiene y consigue que no me escuches. Mientras tanto mi vida se consume intentando llamar tu atención para pedirte que hagas todo aquello que hace años prometiste, y no cumples. Yo te aseguro que he cumplido mi parte, pero solo vuelas tu. Yo me quedo siempre en tierra para volver a coserte la sombra a tus pies, cuando aterrices de nuevo. Esperando a que un buen día decidas no volver a irte al país de nunca jamás y decidas quedarte conmigo, como hace muchos años prometiste. Estas demasiado gordo para ser Peter Pan, y te aseguro que yo no soy Wendy. Pero quizás te des cuenta de ello el día que decida zarpar en el barco del capitán. Ese al que menosprecias porque piensas que no te puede hacer sombra. Ese al que no tienes en cuenta y en la sombra me respeta mucho más de lo que tu puedas llegar a hacerlo en tres vidas.
No me des a elegir. O te quedarás eternamente solo, con la única compañía de tus niños perdidos, persiguiendo una sombra que nunca será tuya.
 
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