White Noise (con Anna Raven)


Llegó a casa cansado tras un durísimo día de trabajo. Las llaves cayeron sobre la mesita de la entrada mientras él caminaba hacia la cocina. Se hizo un café mientras esperaba a que las fantasmales luces verdes del reloj digital del microondas alcanzasen el cero absoluto, cediendo toda su energía a los espaguetis carbonara del día anterior. Si estuviese acompañado, abriría una botella del Rosado que guardaba en la buhardilla y lo serviría en copas altas a la luz de las velas. Pero no lo estaba.
Desde la puerta del salón un maletín de piel sintética parecía vigilarlo con ojos voraces en forma de trabillas metálicas, dejándole saber que esta noche tampoco podrá dormir.
-¡Ding! -Se atrevió a anunciar el modernísimo horno de fabricación taiwanesa.
Mientras dejaba el plato sobre un salvamanteles de metal con motivos florales y echaba mano al mando a distancia, comenzó a pensar en Isabel, la nueva chica del departamento de finanzas. Era más alta que él, pero apenas se notaría si no llevase tacones, aunque esas botas de cuero hasta la rodilla contorneaban sus piernas de un modoenloquecedor. Cualquier hombre perdería el sentido con tan sólo remontar los rápidos de esas sinuosas columnas de suave alabastro o recostar su cabeza en el regazo de anchas y acogedoras caderas... ¿y qué decir de sus pechos? Dos colinas de perfecta forma guardando el más delicioso de los valles.
-¡Era un jinete sin cabeza! – interrumpió Johnny Depp. Isabel desapareció de sus pensamientos a medida que su flujo sanguíneo subía hacia su estómago. Un índice indeciso jugueteaba con los botones del cambio de canal, serpenteando entre las sesiones de teletienda y las peores producciones del porno italiano de todos los tiempos.
**********
En su sueño Isabel llevaba zapatos rojos y bailaba desnuda alrededor de una guillotina. Sus ojos azules como los deseos del frío Atlántico lo miraban fijamente a través de un velo de lágrimas que teñían su cara con largas espirales negras de khol. La blaquísima cabellera de la reina de la repostería se giró hacia él y congeló su expresión mientras la voz de su profesor de historia del colegio le llegaba desde un punto muy lejano de su mente:
-Y el cabello de María Antonieta se tornó blanco en apenas un mes en la cárcel...
-Despierta – ordenó la monarca con desdén, cegándolo con la luz de su piel de porcelana.
**********
Cuando abrió los ojos el sol inundaba todos los rincones de su apartamento, como un invitado no deseado revolviendo en los pormenores de su vida privada. El plato de pasta y el café seguían frente a él, ofreciéndose como patético desayuno. Con la sensación de albergar el cadáver de un pútrido roedor en su boca se levantó y consultó la hora. Las seis de la mañana, justo a tiempo para llegar al trabajo. Apagó la televisión, probablemente víctima de algún fallo de emisión,pues todos los canales proyectaban una vívida luz azulada acompañada de un molesto y continuo pitido...

De camino al baño se detuvo frente a la ventana. Asomaba al patio interior cuya estampa vecinal se veía difuminada por un solo punto de atención. Vecinitas ruidosas en plena pubertad con deseos de abrirse al mundo paralizaban su ya de por si maltrecha voluntad. Respiró hondo, expulsó el aire lentamente, procurando no hacer un ruido que nadie iba a oir. Se vió reflejado en el espejo del baño, que le juzgaba duramente desde el final del pasillo, tras la puerta entreabierta. El mismo que no era capaz de mirar mientras se lavaba los dientes, consciente de su propio escarnio. Entró en el dormitorio, donde se cambiaría la camisa y escogería otra corbata de dibujos estridentes. De camino a la puerta cogió de un revoleo la cartera que aguardaba pacientemente su turno desde el recibidor, así como la chaqueta y salió cerrando tras de si la puerta. Sus prisas terminaron ahí.
Voces y risas le volvieron a paralizar sujeto al pomo, intentando evitar cualquier tipo de contacto visual, aquello debía terminar. Un pequeño torbellino de zapatazos bajaba la escalera. Un uniforme de falda gris y trenca azul marino sujetaban un cabellera anaranjada que giró bruscamente para enmarcar unos ojos ofensivamente abiertos y verdes y un universo de pecas.
-Holaaa!- unos tiernos e impúberes labios untados en vaselina de fresa le ofecían un cantarín buenos dias. Tras ella, la comitiva.
-Nena, no te pares!- graznó- te has fijado en quien es, no?- bajó el tono mientras se dirigía a su compañera de tertulia.
-No, quién?
-Hace poco que vive aquí, y es un poco rarito porque no trata con nadie, y tengo oído que una vez le encontraron fotos... Bueno, tampoco quiero hablar de lo que no sé, pero yo no estoy tranquila con ese tipo viviendo aquí y mi niña... en fin, que no me gusta.
No fué del todo ajeno a las miradas de soslayo, ni al juicio sumarisimo al que se le sometía, una vez más, inconscientes de todo el dolor gratuito que suponen los malos entendidos. Dejó caer los pies escaleras abajo con desgana, enfrentandose con desidia a un nuevo, equivalente, rancio e insustancial día provisto de nuevos silencios, nuevos vacíos, nuevas explicaciones de lo ocurrido a aquellos que se atreviesen a preguntar.
Salió a la calle, se dirigió a la parada de taxis donde un orondo barbudo le abrió la puerta del asiento trasero.
-A trabajar, no?
- Exacto- musitó sin demasiado entusiasmo mientras buscaba su telefono movil que había cobrado vida propia-Sí!, - era ella, la causa de todos sus males, lo que mas quería en este mundo.
- Hola, como te va en tu nuevo piso?
- Bueno, no está mal, es pequeño, pero tiene de todo. y tu, como estas?
-Bien... cuando voy a verte?
- No me parece prudente, despues de todo lo que ha pasado. No me quiero meter en mas lios, ni buscarte mas problemas.
- Deja de decir tonterias! Yo quiero estar contigo y me importa un rabano lo que pueda pensar el resto del mundo!
- No te pongas así! No me resulta tan facil ignorar todo lo que ha pasado.
- A callar! me pasaré por tu casa esta tarde. vale?
- Tengo elección?
- No
-Pues en casa te espero. Pido pizza?
- Siiii. Que gran cocinero es mi padre.
- Como siempre. No se enfadará tu madre si se entera que vienes a casa?
- Despues de la putada que te hizo no me merece ninguna consideración, que chille como una zorra. Me da igual lo que diga el juez, lo que diga mamá y lo que diga san pedro.
-Vaaaale. Frena esa lengua. Te veo luego cielo.
-Hasta luego papá, un beso.
- Un beso hija.
 
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