Lenore!


Item Name A cute dead girl!
Price 19,99€
Description A Lenore by Roman Dirge for set the template
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El sindrome de Medea


Me dijeron que un poeta es un hombre que sufre. Y yo, como sufría tanto, me puse a escribir. Solté mi rabia y mi pasión en cada uno de los relatos que salian de mis manos pero al contrario de lo que todos diagnosticaban, la rabia no se fué, sino que aumentó con cada uno de los recuerdos que tenía que rescatar del olvido. Curaba mis heridas con vodka para poder soportar el dolor y en las noches de insomnio le gritaba a la luna mis miserias.Tecleaba hasta que las manos se me agarrotaban o hasta que se me acababa el alcohol. Un día, todo aquello desapareció.

"Tu tles mese todo bien" me decía el anciano que me llenaba el cuerpo de agujas como un acerico. Y el condenado no mentía. En "tles mese" me desenganché del alcohol, de la autotortura, del insomnio y de la rabia. Y solo entonces me di cuenta de que sin mi rabia, mis historias no podrían existir.

En aquellos días frecuentaba mi lugar de trabajo -la mesa del rincón de la cervecería El Bufalo Gris, ahora con una cerveza sin alcohol coronando la mesa- un nuevo parroquiano. Era un tipo diferente a todos los que solemos atracar aqui. Vestía elegantemente y se pavoneaba con ese aire de triunfador que dan los trajes y las corbatas. A mi me caía bien porque era con el único que podía hablar de libros y de literatura sin tener que esperar la bravuconada de algun cenutrio hasta las cejas de cerveza. Le dije que estaba preparando una novela.

-Excelente, espero poder verla antes que los demás.
-Sin duda.-contesté esperanzado en que olvidara aquella conversación tan pronto saliera por la puerta.
-¿Sabes? Para mi un buen escritor es King
-¿King?
-Stephen King.
-Vamos, no me jodas. Lo que hace ese tío es comida basura. Yo aspiro a un buen cocido. Consistente, que llene la barriga y te deje bien satisfecho.
-No te lo niego, las novelas de King son comida basura. Pero hay que echarle huevos para escribir una de esas cada cuatro meses, como hace él.
-La mierda se hace pronto.
-Ya. ¿Sabes cual es el autentico motivo por el cual stephen King es bueno?
-Sorprendeme- le resoplé mientras me amorraba a aquel brebaje descafeinado al que llamaban cerveza.
-Porque no tiene miedo de matar a sus personajes.
Por poco me atraganto. Aquel estirado chupatintas me estaba descubriendo la entrada a un nuevo mundo. Abrió la caja de los truenos sin pestañear y se quedó tan tranquilo repantingado en su silla con la botella de budweiser colgando de una mano. Yo quería saber más.
-¡Venga ya! Si los mata se acaba la historia. Y el experimento de Hithcock con Psicosis nunca mas funcionó.
-Bueno. Mata alguno de tus niños bonitos y luego me lo dices.
-¿Eh?
-Mátalos. Coje a tu mejor personaje, del que te sientas mas orgulloso y cárgatelo.

Me pasé toda la noche dando vueltas sobre mi cabeza, debatiéndome entre seguir los consejos de aquel tipo o meterle la cabeza en el retrete la próxima vez que lo viera. Las horas pasan lentas cuando el sueño no llega y, en sustitución, envía una obsesión permanente, inquieta y lacerante. Miré el reloj y marcaba las cuatro. Harto de enredar las sabanas me levanté y salí a la calle a buscar una licorería abierta.

Y aquí estoy, con suficiente vodka en las venas como para entrar en el estado de conserva mientras empuño un enorme cuchillo, en busca de Ross. El bueno de Ross, que me consiguió el único dinero que he ganado escribiendo. Ross, no temas. Es lo mejor para los dos. Yo seré un escritor de éxito y tu te convertirás en un heroe. Aunque tenga que devolverle mi alma al diablo.

2009 (1ª parte)


Maria se colocó de nuevo las botas tras pasar por el arco detector de metales del aeropuerto. Todas sus pertenencias habían sido escaneadas y escudriñadas por los agentes de seguridad y el registro había sido metodicamente anotado en los archivos centrales.

-Señorita, estos comprimidos no aparecen en su ficha médica.

-Son vitaminas.

-¿Los ha comprado en el mercado negro? Sabe que todos los farmacos que tome deben quedar registrados en su ficha médica. Es por su propia seguridad. Pueden intoxicarla si adquiere productos fuera de las vías legales...

-¡Si!, Si.. no se preocupe. Hablaré con mi médico de cabecera, no sufra por mi.- Suspiró con hastío.

-Veo que fue usted detenida hace un par de semanas.

-Si. Por leer. ¿Puedo pasar ya?

El guardia de seguridad asintió con la cabeza de mala gana y María se puso la americana.

-¿Motivo de su viaje?- Irrumpió de nuevo el guardia.

-Trabajo.-Escupió ella.

-Su empresa no tiene clientes en esa zona del país.

-Estamos abriendo mercado.- Sonrió. Era una mezcla entre sonrisa y degustación de limones.

-Está bien. Recuerde las horas de sellado. Aquí tiene una tarjeta con las oficinas más cercanas a su hotel.

-Gracias.- Terminó de colgarse el bolso en el hombro y agarró de un zarpazo el mango de su maleta de cabina.

Echó a andar hacia su puerta de embarque. La esperaba un gigantesco pasillo lleno de pantallas que cambiaban al paso de cada uno de los pasajeros que se acercaban a ellas. Durante los ultimos seis años el gobierno, en un supuesto esfuerzo por simplificar la vida de los ciudadanos había unificado toda la documentación personal en una sola tarjeta equipada con un chip. En ese cuadradito se hallaba toda la información social, legal, médica, laboral... Y cubría las funciones de documento identificativo, tarjetas de crédito, permiso de conducir, tarjeta sanitaria, etc. Cada nuevo dato era incorporado al chip y los ciudadanos no tenían que arrastrar billeteras del tamaño de balones. En poco tiempo los límites del derecho a la intimidad se fueron tornando más y más difusos. Al mismo tiempo, el miedo exacerbado y metódicamente provocado por los medios de comunicación a la falta de seguridad estaba llevando a la población a ceder sus derechos inalienables a cambio de una quimera llamada protección eficaz. De ese modo, toda puerta que se cruzara, todo arco detector, todo pasillo, estaban provistos de lectores digitales que tenían acceso a cualquier dato perteneciente al ciudadano. María recibió en ese pasillo otra dosis de realidad cuando los anuncios de las pantallas luminosas pertenecían a comercios en los que ella habia comprado recientemente.



El hotel era modesto, con cierto aire antiguo y decadente. Tras deshacer su maleta bajó a la terraza soleada de la cafetería. Pidió un té, se embutió las gafas de sol y se echó hacia atrás sobre el respaldo de forja de su silla mientras miraba a la lejanía.

- Está bueno ese brebaje? -preguntó una figura sentada en la mesa que tenía justo detrás. María se giró discretamente y descubrió a un hombre de pelo negro y tez oscura que leía la prensa.


- Le interesa por algún motivo especial?

- A mi no. Es usted quien me ha llamado. No se le ocurra girarse. Siga mirando al frente y ponga cara de estar molesta.Esta noche pida compañía en su habitación.

- Pero...

- Dentro de poco no tendrá que temer por su reputación, así que tranquila. Ya sabemos en que habitación se aloja. La única cosa que necesito saber en este momento es si está comletamente segura de lo que va a hacer.

- Completamente.

Desde hacía unos tres años y fruto del exaustivo control, la policía tenia conocimiento de pequeños grupusculos de población que vivía en la clandestinidad. Entre los agentes eran apodados "fantasmas". La población civil desconocía su existencia ya que la prensa callaba y los rumores eran erradicados de modo drástico. Esos "fantasmas" eran renegados sociales. No tenían documentación y oficialmente no podían acceder a un trabajo ni un crédito. Eran los únicos que todavía usaban el papel moneda e incluso el trueque. Vivían en comunidades autoabastecidas y oficialmente nunca habían existido, o habían muerto.

Emily


Toma asiento.Ponte cómoda.
Observa atentamente la luz de esta vela.
Procura respirar por la nariz. Toma aire por la nariz y vuelve a expulsar el aire por la nariz.
Relájate.
Notas cómo tus músculos van perdiendo tensión.
La habitación está perdiendo sus contornos. Cada vez la ves más y más oscura. La luz de la vela obtiene toda tu atención. Toda tu atención. La luz es tan intensa que no puedes mirar hacia otro lado.
Solo existe la luz.

Ahora cierra los ojos.

Sigue respirando.
Nota cómo tus pulmones se llenan de aire y vuelven a vaciarse. Una y otra vez.
Has entrado en la oscuridad más absoluta.

Ahora, concéntrate en un punto de color azul, situado en tu entrecejo. Esa zona es el punto de Ajna. Es tu tercer ojo. Observa ese punto azul hacerse grande. Del tamaño de una nuez. Es de un azul intenso y luminoso. Es lo que vamos a trabajar hoy.
Dime que sientes.
-Estoy dando vueltas.
¿Donde estas?
-No lo se. En el universo... Todo esta oscuro. No hay suelo. Doy vueltas.
¿Ves algo?
-Hay... hay algo. Es grande. Es... rojo.
¿Qué es? ¿Lo distingues?
-Parece una nube. Una bola. No lo se. Vamos a chocar.
Esta bien, esta bien. Tranquila. Vuelve a respirar profundo. Relajate. Vuelve a concentrarte en el punto azul de tu frente.
-La nube...
Olvida la nube.
-No puedo. Está ahí. Viene a por mi.
¡No! Escuchame, está en tu mente. Tu puedes hacer desaparecer la nube.
Emily. Escúchame. Vuelve. ¡Vuelve! ¡No! ¡Emily no!

La sala de proyecciones se hundió en un silencio incómodo. El asistente había conjelado la imagen en la pantalla gigante. Todos se miraban mientras la imagen Emily, prendida en llamas, les miraba con los ojos inyectados en sangre.
-Por favor apaque el proyector. Resulta incómodo. Que alguen encienda la luz.-El presidente no daba crédito a lo que estaba viendo.
-¿Incómodo, señor?- El jefe de psiquiatría del hospital disfrutaba viendo la cara de angustia y de negación del presidente, que luchaba consigo mismo para poder digerir las imagenes que le mostraban. -Estas imágenes fueron grabadas en el momento en que se declaró el incendio en el ala de Psiquiatría. Gracias a dios las cámaras estan conectadas por red al archivo central, con lo cual pudimos recuperar el video.
-¡Esa niña ha empezado a arder como una antorcha! ¡Por el amor de dios!
-Y no es el único caso anormal que tenemos. Hace exactamente dos meses, un joven universitario ingresó en shock. Según contaba veía en sueños la misma nebulosa roja. La tercera noche de su estancia apareció desollado en su habitación. Lo mas extraño es que no había una sola gota de sangre alrededor.
-¿Avisaron a la policía?
-Evidentemente. Todavía andan buscando la primera pista. Y, ¡oh si! la pequeña Ursula. Hará cosa de un año vino una mujer con su hija de cinco años. Traía un mamotreto lleno de dibujos de la niña. Bueno.. los dibujos no eran precisamente lo que uno espera de una cría de cinco años, y tanto los profesores como la madre estaban preocupados. En una serie de esos dibujos aparecía la misma nebulosa roja.
-¿Qué le pasó?- El presidente tenía ya la mirada perdida en el fondo de la sala.
-Hace varios meses que no sabemos nada de ella. Dejó de acudir a las visitas que tenía concertadas. Y en las que asistió tampoco conseguimos gran cosa.
El presidente se levantó de la silla con actitud de abandonar la sala. Su séquito de secretarios y asistentes hizo lo mismo.
-¡Buen trabajo señores!
-Pero, oiga. ¿Donde va? La situación es lamentable. Deberíamos hacer algo. Se supone que esta reunión era para tomar algun tipo de decisión al respecto ¿y usted se marcha sin mas? Hemos perdido medio hospital en el incendio y en lo que queda en pie estan ocuriendo atrocidades. ¡Y usted se va!
El presidente, tras las aguas que se abrian a través de su escolta, se giró para observar al doctor.
-Ya le he dicho que esta usted haciendo un gran trabajo. Enhorabuena doctor.-Y salió de la habitación.

Death Sentence


PAGINA 1 PRELUDIO

Viñeta1-. Perspectiva de una calle típica americana de urbanización en las afueras. (Viñeta grande) Aproximadamente a la mitad de la calle, Sarah empuñando con las dos manos un hacha manchada de sangre y girando la cabeza como si buscara a alguien que la amenaza. Está sola en la escena. Voces desde fuera de cuadro.
Voz1: ¿Esa no es tu vecina?
Voz2: ¿Que lleva en las manos?

Viñeta 2-. Plano medio de Sarah desde la perspectiva de alguien mas alto que ella, en la misma posición torciendo la cabeza a su izquierda para mirar al frente, como sorprendida por que alguien le hable. A lo lejos, cerca de las casa del fondo hay cotillas que miran la escena desde las puertas de sus casas (batas de boatiné, rulos, manos a la boca)
Voz1: Dios mío Sarah, ¿estas bien?
Voz2: Suelta ese hacha, cielo.
Voz3: ¿Que te pasa cariño?
Voz4: ¿Dónde están tus padres, Sarah?


Viñeta 3-. Misma posición pero vista desde detrás de la niña. (es como si una cámara diese vueltas alrededor suyo, el efecto de desconcierto) Un señor gordo se intenta acercar a ella por delante y le habla (camisa abierta y camiseta de tirantes debajo, vamos, un Homer) hay gente más cerca que antes.
Voz1: Está temblando, pobrecilla.
Señor Gordo: Sarah, cielo, dame ese hacha.
Voz2: Dios santo, voy a vomitar.
Señor Gordo: Sarah, nadie te va a hacer daño. Dame ese hacha y cuéntame que te ha pasado.
Voz3: Esto es una puta carnicería. Esa cría está loca.
Señor Gordo: Te conozco desde que naciste, niña. Confía en mi. Dame el hacha.

Viñeta 4-. Estamos en el lado derecho y empezamos a ver la cara de S. mirando a la gente que se acerca a ella.
Voz1: Que alguien llame a la policía. Dios mío, esa niña es una psicópata.
Voz2: ¿Esa no va a tu instituto?
Voz3: No me lo recuerdes.
Voz4: Siempre me ha parecido una tía muy rara, no me extraña que haya acabado así.


Viñeta 5-. La tenemos de frente. Sigue con la cara de desconcierto inicial.
Señor Gordo: Por favor, tranquilízate y cuéntame que os ha pasado.
Señor Gordo: Dame el hacha Sarah.

Viñeta 6-. El plano se acerca, S. ha girado la hoja del hacha y contempla con horror la sangre que mancha la hoja.
Voz: ¡Sarah!, ¡Sarah!



TITULO: DEATH SENTENCE


PAGINA 2


Viñeta 1-. Empieza el flashback: plano aéreo de Sarah y su novio despanzurrados sobre dos lápidas de un cementerio, mirando al cielo. Por algún rincón hay una tabla oui-ja y velas apagadas. El novio le esta dando una calada a un porro.
Sarah: Déjalo ya. Llevamos tres horas con esta mierda y no hemos contactado ni con la radio local.
Novio: mmh, hablando de muertos.



Viñeta 2-. El plano se acerca. Les ha entrado la risa floja con la marihuana y empiezan a retorcerse sobre las lápidas.


Viñeta 3-. Se quedan muy relajados tras la risa. Ella se seca una lágrima y el le vuelve a dar otra calada al porro. (supongo que un plano a ras de imagen sería lo más adecuado)
Sarah: ¿Crees que habrán llamado a casa?
Novio: ¿Lo dudas? No hemos pisado el instituto en todo el día.
Sarah: Me van a matar.
Novio: Sep.
Sarah: Entonces pásame esa mierda.



Viñeta 4-. Vista a través de una ventana de piso alto, desde el interior de la casa de Sarah. Ella y su novio se despiden.
Novio: ¿Te paso a recoger mañana?
Sarah: Quieres decir si sigo viva. Como hayan llamado a casa son capaces de encerrarme en las mazmorras.


Viñeta 5-. Desde dentro de la casa. La puerta de entrada entreabierta. Nadie en escena. Solo la puerta, la poca luz que pasa a través del trozo abierto y el desorden en el interior. Oscuridad.
Novio: Eres una exagerada. Bueno, te llamo luego.
Sarah: (con un globo victoriano, marcando la teatralidad) Hasta siempre Ted.
Novio: Qué payasa eres.
Sarah: Lo se. Hasta luego.


Viñeta 6-. Sarah en el comedor. (división de la casa: en la planta baja esta el comedor-salón y la cocina, en la alta están los dormitorios y fuera de la casa hay un pequeño jardín con un cobertizo) El desorden de la casa es considerable, como si alguien la hubiera estado removiendo. Aparece en escena un perro pequeño (tipo Bichón) a recibir a Sarah.
Sarah: (vociferando) Holaaaa, ya estoy en casa.



PAGINA 3


Viñeta1-. Sarah sigue vociferando y el perrillo la sigue. La casa sigue en penumbra pero no vemos en ella ningún rasgo de incertidumbre.
Sarah: ¿Hay alguien?


Viñeta 2-. En la habitación de S. que está tan desordenada como el resto de la casa. S. lanza la bandolera hacia algún lugar indefinido. Se oye una voz. (la voz dice “Sarah”, pero no se pondrá dentro de ningún bocadillo sino en letras horrendas sobre el fondo de la viñeta)

Viñeta 3-. Plano medio de S. tiene en las manos un cigarro y un mechero y se dispone a abrir la ventana de su habitación.
Sarah: (para si) Pues si, hay alguien.
Sarah: (a voces) ¿Que hay para cenar?

Viñeta 4-. Plano medio de S. enmarcado por la ventana, de frente. Boca seria, párpados medio caídos y una ceja levantada. El cigarro en alto en pose de pequeña diva. En el fondo las mismas letras espantosas de antes, pero esta vez dicen “Hambre”

Viñeta 5-. Misma pose, misma cara (aprox), perspectiva a elegir, (yo pondría la misma)
Sarah: Que aguda eres, “madre”.

Viñeta 6-. Misma pose, misma cara, ahora le esta dando una calada al pitillo.
Sarah: De mayor quiero ser como tu.

Nota: Las viñetas 5 y 6 pueden convertirse en una sola viñeta si se considera necesario, o si parece redundante cargar tanto sobre la misma escena.

Viñeta 7-. Suelta el humo, que la envuelve y no deja ver apenas nada. Misma pose (y yo diria plano frontal)

Viñeta 8-. Misma pose de perfil. El humo empieza a disiparse y se puede ver, superando la silueta de Sarah, a una mujer zombie (su madre) que la mira fijamente. Sarah tiene la vista al frente y los ojos muy abiertos.



PAGINA 4

Viñeta 1-. Misma situación. Sarah mira a su madre (vista arriba y al lado). El cigarro a salido catapultado de sus dedos y tiene una sonrisa forzada y un tanto histerica. Mamá la mira fijamente y está pasando una mano por la parte posterior de la cabeza de S.
Sarah: Hola Mamá.
Sarah: Jeje
Sarah: Estommm.
Sarah: ¿Te acuerdas de lo que estuvimos hablando acerca de la intimidad?

Viñeta 2-. Mamá Z. Sujeta con ambas manos la cabeza de S. y se dispone a darle un bocado. S. desde abajo intenta sujetar los brazos de su madre y escapar agachándose.
Sarah: ¡No te pongas asiiii!


Viñeta 3-. Sarah ha conseguido liberar su cabeza y se escabulle pasando bajo las piernas de Mamá Z.


Viñeta 4-. Mamá Z. que está patosa, ha seguido el recorrido de la niña con la vista y acaba de bruces en el suelo. El perrillo feo esta ahora en su campo de visión. Sarah: (desde fuera de la viñeta) ¡Papaaaa!


Viñeta 5-. Mamá Z. echa mano del perrito con cara de apetito (la madre, claro)

Viñeta 6-. Viñeta sin personajes. Solo un rincón de la habitación cercano a la acción en el que aparece un salpiconazo de sangre.




PAGINA 5

Viñeta 1.- Sarah intenta frenar la inercia al ver enfrente a su padre con la misma cara “rara”
Sarah: Pap...

Viñeta 2.- Papá Z. se abalanza de un modo patoso sobre ella y Sarah Va cayendo de espaldas al suelo.
Sarah: Pero que...

Viñeta 3.- S. avanza desde el suelo, boca arriba con la vista en su padre, que insiste.
Sarah: ¿Se puede saber que mosca os ha picado?
Sarah: Os han llamado ¿verdad?

Viñeta 4.- Papá Z. se ha abalanzado sobre S. que ha conseguido escabullirse y ponerse de pie. Papá Z se ha estampado contra un mueble del comedor.
Sarah: Tenía un motivo justificado, te lo prometo.

Viñeta 5.- Sarah camina de espaldas hacia la cocina, echando las manos atrás para no tropezar.
Sarah: Fuimos a la biblioteca. Tu me crees. ¿Verdad papi?

Viñeta 6.- Viñeta pequeña. Detalle de la mano de S. echando mano de un cuchillo grande de cocina. (Atención a que la mano esté como si cogiera el cuchillo con las manos a la espalda)

Viñeta 7.- Viñeta pequeña. Un detalle del padre. La brecha que le ha quedado en la cara tras estamparse le tendría que doler, es enorme.

Viñeta 8.- Solo se ve la falda de Sarah y cómo oculta la mano que lleva el cuchillo bajo la tela. Yo diría una viñeta apaisada, larga, la ultima de la página con gran parte de la viñeta en negro o con el resto de la escena o la perspectiva desde detrás de la falda de S.
Sarah: Lo siento mucho. No volverá a ocurrir. Pero dejad la broma.
Sarah: Me estáis asustando.




PAGINA 6

Viñeta 1.- Plano americano (o entero) picado desde la perspectiva de Papá Z. que la tiene acorralada en una esquina de la cocina. (azulejos). Sarah está medio encogida y por debajo de la falda le asoma el cebollero. A su alrededor, la sombre enorme de PapáZ. oscurece la viñeta.
Sarah: Por favor, déjalo...

Viñeta 2.- Primer plano de la cara de S. desde la misma posición. Tiene los ojos muy abiertos. (Parece que acaba de entender la gravedad del asunto.)
Sarah: ...papá.

Viñeta 3.- S. le ha metido un tajo a Papá Z. Como tenía la mano del cuchillo bajo la falda, el corte es hacia arriba. Papá se tambalea hacia atrás por la inercia de la cuchillada.

Viñeta 4.- Papá Z. se ha caído. Sarah pretende correr pero PapaZ la sujeta por un tobillo.
Sarah: ¡Ah!

Viñeta 5.- Sarah otra vez en el suelo. Con el pie sujetado por Papá Z. que tiene la boca abierta hacia el pie mientras S. da tirones. S. Tiene el cuerpo girado como si quisiera gatear con la parte superior del cuerpo.
Sarah: ¡No!

Viñeta 6.- Esta podría ser la continuación de la viñeta 5, es decir, que mientras que en la V. 5 salían los pies de S. aquí podría salir el resto del cuerpo de la niña mientras se libra de el.
Sarah: ¡Socorro!




PAGINA 7

Viñeta 1.- Imagen desde dentro del cobertizo hacia afuera. La puerta está abierta. Un brazo amoratado y con algún corte se agarra a la pared por dentro, como si abrazara la pared desde fuera del cobertizo. Es el brazo de Sarah y por el aspecto del mismo parece que ella haya sido contagiada. Onomatopeya al gusto.

Viñeta 2.- Sarah está en el centro de la puerta con expresión cansada. Sujetándose a una de las jambas y buscando algo fuera de plano.
Sarah: ¿Dónde...
Sarah: ¡Aqui!

Viñeta 3.- Plano medio de Sarah que se ha dado la vuelta empuñando un hacha gigantesca, que ha quedado clavada en alguna parte. Su cara se mancha por un chorro de sangre. (que milagrosamente no entra en la boca) Tiene la cara desencajada de ira.
Sarah: ¡¡Aaaaaaahhhh!!

Viñeta 4.- Papá Z. de frente, tambaleándose con el hacha clavada en mitad de la cara a la altura de la boca (entre un maxilar y otro, evidentemente, el maxilar inferior se ha descoyuntado del todo y cuelga.

Viñeta 5.- Sarah en posición encogida cubriéndose parcialmente la cara con el antebrazo (como si le fueran a pegar) Se oye “Plof” (o lo que sea, si se puede hacer visual,mejor)

Viñeta 6.- La cabeza de Papá Z. en el césped con el hacha clavada, La bota militar de Sarah apoyada en la cara de Papá para desclavarle el hacha. Viñeta pequeña.

Viñeta 7.- Pequeña. Misma escena, los ojos de papa son vidriosos y sigue la bota sobre la cabeza. El hacha ha caído en el cuello, pero no lo ha roto, solo lo ha doblado.

Viñeta 8 .- Pequeña. La misma escena pero ahora vemos la cabeza de Sarah, metida en faena de matarife. Los pelos cayéndole sobre la cara y el asco de tener que asestar más golpes para partir un cuello.

Viñeta 9.- Pequeña. Idem que la anterior. Enfatizar que la niña tiene que dar sucesivos golpes para separar la cabeza del tronco. Serie de viñetas pequeñas. Podemos mirar cómo queda.



PAGINA 8

Viñeta1.- Sarah se dirige a la casa de nuevo arrastrando el hacha ensangrentada con una sola mano y gimoteando.


Viñeta 2.- Desde la puerta, observa cómo Mamá Z. tiene la cara metida en la barriga de un bebé que está sentado sobre un taca-taca o un cochecito. Como si le hiciera pedorretas. El bebé no se mueve.

Viñeta 3.- Mamá se ha girado con el ruido de Sarah entrando por la puerta. Tiene toda la boca cubierta de sangre rojisima y fresca. (Nota: si la escena resulta demasiado ofensiva por tratarse de un bebé, se puede hacer un primer plano de la madre con la cabeza girada y obviar lo que hay detrás)

Viñeta 4.- Mismo plano. Pero con el hacha clavada en medio de la cabeza, atravesando el cráneo.

Viñeta 5.- Volvemos a Sarah, que está petrificada con el mango del hacha todavía en las manos, con la respiración agitada y una lágrima surcando su cara. El cuerpo de su madre acaba de caer al suelo.

Viñeta 6-7-8...- S. Esta buscando por su cuerpo algo parecido a una mordedura. Gira un codo y se mira, gira el otro, los antebrazos, las piernas...



PAGINA 9

Viñeta 1.- Sarah esta apoyada de espaldas en una pared al lado de la puerta llorando a lágrima viva con las manos sobre la cara.

Viñeta 2.- Va resbalando pared abajo hasta dar con el culo en el suelo y quedarse sentada. Con la misma expresión de manos y de cara, o parecida.

Viñeta 3.- Primer plano de la cara entre las manos. Los dedos entre las raíces del pelo, como si fuese a retirárselo de la cara. Entre ellas su cara es de non-grata sorpresa. (ojos muy abiertos mirando hacia abajo, cejas altas, boca entreabierta) desde fuera de plano se oye al bebé ¿llorar?
Bebé: ¡Buaaaaajjj!

Viñeta 4.- Sarah vuelve a trepar por la pared (manos a la espalda) para incorporarse sin dejar de mirar hacia el carrito. Vista de perfil. (desde el carrito)
Bebé : ¡jjjjjaaaaaaaaajjjjj!

Viñeta 5.- El angulo de abre. Se ve el carrito del bebé desde atrás y los bracitos moverse que sobresalen del coche. Mamá sigue en el suelo con el hacha en la cabeza y detrás a Sarah de pie con los brazos a los lados y las manos abiertas. En ademán de estar preparada para cualquier cosa. Mirando medio de reojo al cochecito.
Bebé: ¡¡aaaaaajjjjjjj!!

Viñeta 6.- Detalle de la bota caminando.

Viñeta 7.- Detalle de la mano recuperando el cuchillo del inicio. (recuerda que se cayó en la cocina, ya sabes, baldosas)

Viñeta 8.- Detalle de un cuchillo en alto (al mas puro estilo psicosis)

Viñeta 9.- Plano corto de la cabeza de S. y sus hombros. Tiene la cabeza alta mirando hacia abajo. Tiene el cuerpo de perfil y el hombro adelantado lo tiene más alto. Se oye un crujir de huesos. Tiene mueca de desagrado.

Viñeta 10.- Mismo plano pero esta vez pegando un tirón del mango del hacha.



PAGINA 10

Viñeta 1.- Sarah ha dejado de pensar. Su cara lo refleja. Lleva el hacha sujeta con las dos manos y se dirige hacia la puerta con determinación.
Sarah: Le ha contagiado... Tiene que haber más... Hay más... Tiene que haberlos... si.

Viñeta 2.- La luz del crepúsculo le da en la cara y la ciega momentáneamente. S. gira la cara molesta por la luz.
Sarah: ¡Aah!

Viñeta 3.- Viñeta borrosa, estamos en las perspectiva de S. Se ven bultos medianamente definidos de una calle ancha de urbanización. Algún coche aparcado y personas que se apartan del plano corriendo.
Voz 1: ¡Oh dios mío!
Voz 2: Sarah, cariño, ¿Que te pasa?

Viñeta 4.- Volvemos a ver normal. Seguimos en la perspectiva de Sarah y tenemos delante al Homer de la primera página.
Señor gordo: Por favor Sarah, suelta ese hacha y dime que es lo que os han hecho.
Voz 1: ¡Que alguien llame a la policía! ¡Oh Dios mío!

Viñeta 5.- Sarah de frente. Con la misma cara de catatónica mirando a los que la rodean. Ha soltado el hacha con una mano y tiene los antebrazos separados del cuerpo en una posición abierta.
Sarah: Yo...
Sarah: ..no lo se.
Sarah: Tendría que haber ido a clase...
Sarah: ...están enfadados.
Sarah: ¡Dios mío, tengo miedo!
Voz1: Tranquila cielo, no dejaremos que te pase nada.
Voz2: La policía está al caer, entretenedla.

Viñeta 6.- Hay un hombre de frente, sentado ante una mesa gris con documentos sobre ella. Al fondo se ve un enorme espejo donde se refleja (si es posible) a Sarah sentada frente a el con la cabeza baja y las rodillas a la altura del cuello. (esta sentada con los pies apoyados en el asiento)
Esta claro que esta en una sala de interrogatorios. El abogado es un personajillo gris, cuarentón, con traje barato y gafas anticuadas.
Abogado: ¿Pero cómo pretendes que me trague semejante patraña?
Abogado: Y lo mejor de todo. ¿Pretendes que te defienda con esa argumentación?
Abogado: Así que dijiste que les querías matar y finalmente lo lograste. Toda una proeza. Jejeje estarás orgullosa.

Viñeta 7.- Sarah con el cabreo de su vida, con gesto amenazador.
Sarah: ¡Sii claro!.¡A mi también me decían mis padres que me querían comer, pero nunca pensé que fuera de un modo literal!.
Sarah: ¡Será gilipollas!

Viñeta 8.- El abogado esta saliendo por la puerta de la sala y mira de reojo hacia S.
Abogado: Lo que tu digas, cielo. Búscate una ropa mas normal para la vista, pareces una bruja.
Sarah: (desde fuera) ¡Que te jodan! Y tu búscame a un abogado de verdad.

Viñeta 9.- La puerta se cierra. Sarah ha lanzado el vaso de plástico contra la puerta y se le ve chocar
Sarah: ¡Idiota!

El Ratón


Agarró el tenedor con el que estaba comiendo en ese momento y dió un golpe contundente sobre la mesa.
-¡Por allí, lo acabo de ver!

Y salió disparado tras un ratón que, según él, se había pasado toda la semana riéndose a su costa. Mi abuelo era un ser impetuoso. Tanto como para empezar a dar golpes en la pared con un tenedor a fin de asustar al pequeño roedor lo suficiente para que saliese ondeando un retalillo blanco entre sus dientes diminutos.
Evidentemente eso no sucedió, y mientras él seguía aporreando la pared yo buscaba algún orificio por el que pudiese haber salido o entrado un hipotético ratón.
- Abuelo, no puede ser.
-Ese bandido me despierta por las noches, se pasea por el desván y oigo sus pasos como si fuera una estampida de búfalos. Se come el alpiste de mis pájaros. ¡Y luego querrá comerse mi queso!, ¡Y mis calcetines!

Las pocas ocasiones en las que conseguía reducir su furia senil con alguna historia que lo distrajese, veía cómo su mirada se dirigía lentamente hacia las paredes y seguía un trazado perfecto. Un recorrido posible de un ratón hipotético. Dos días más tarde, en mi siguiente visita, el recorrido de su mirada se encontraba tallado en la pared. Mi abuelo sujetaba con fuerza en sus manos un martillo y una escarpa con los que había dejado al aire toda la instalación eléctrica de la habitación.
-Ahora no escapará- sentenció mientras contemplaba su obra y recuperaba el resuello.
Una semana después, una ambulancia se lo llevaba por haber inhalado demasiado veneno para roedores. Pero eso no le detuvo. Al volver a casa, unos días más tarde, le vi aparecer con una jaula gigantesca en la cual -todavía no se cómo pudo hacerlo- había encerrado a todos los gatos callejeros del barrio. Se había agenciado un guante de malla y andaba lanzando mininos asustados hacia el interior de su casa. Mi abuelo se curvaba con una risa maliciosa cada vez que cerraba la puerta tras lanzar a un pobre gato al recibidor. Aquello superó cualquier cosa que hubiera imaginado. Me lancé sobre su brazo y le aparté de la puerta.
-¿Se puede saber qué demonios estas haciendo? ¡Te has vuelto loco!
Abrí las puertas de la casa de par en par y ahuyenté a todos los gatos que encontré. Saltaban por encima de los sofás hasta dar con la puerta hacia su libertad, truncada por un breve periodo por un chiflado enjuto y de pelo blanco.

A partir de entonces el asedio fue implacable: Inundó las paredes de agua hasta que la pintura y el yeso saltaron como escamas de pez. Llenó el suelo de trampas para ratones. Cuando se cansó de pisar trampas, rociaba escamas de queso por el suelo y se sentaba en un rincón armado con un escurridor de verduras, respirando sin hacer ruido, esperando la salida del pequeño roedor. Dejó de comer y se despertaba de madrugada para atacar las paredes. Las insultaba y golpeaba. Gritaba que algún día se las haría pagar todas juntas. Dos semanas más tarde, mis padres decidieron internarle en el ala psiquiatrica del hospital de las Hermanas de la Caridad.

Sus nervios se controlaron. Poco a poco su fijación dejó paso a un buen humor y a una distensión de ánimo que yo no había visto en años. En una de mis visitas, me confesó algo que no esperaba oír.

- Hemos hecho una tregua. -Anunció- Un pequeño pacto entre caballeros. Algo así cono quedar en tablas.

-¿En tablas? ¿Un pact... ¿De que me estás hablando, Abuelo?

- ¡El Ratón! -Increpó en voz baja- Hemos sellado un pacto de no agresión. ¿Ves? Yo le doy queso y le dejo vivir a su aire y él respeta mi sueño por las noches.

Dicho esto sacó un pequeño trozo de queso del bolsillo de su bata y apoyó sus manos a modo de cuenco sobre el regazo con la diminuta bola en ellas. Antes de que pudiese darme cuenta, un hociquillo asomaba por el horizonte de sus piernas postradas sobre la cama, persiguiendo el aroma del botín que se le ofrecía. Subió sobre las manos de mi abuelo, que lo alzó a la altura de sus ojos y lo giró hacia donde yo me encontraba.

- Este es mi nieto Carlos. ¡Anda, salúdale!

Ciudad Mesías


Hace tiempo, cuando nuestras prisas y nuestra falta de escrúpulos arrasaron la mayor parte del ozono de la atmósfera, convertimos nuestro mundo en un infierno. Cuando hicimos de nuestra capa un sayo y tuvimos que alimentarnos de seres que jamás nos hubiéremos llevado a la boca, nos tocó expiar nuestros pecados y asumir nuestra responsabilidad. Descubrimos cuantas cosas podríamos haber hecho antes de esperar que los gobernantes de las grandes potencias moviesen ficha. Por suerte, la ciencia nunca se rindió, y dada la situación, se puso al mando de la nueva lucha.

Fuimos recluidos en ciudades cúpula de lo que se llamó “tecnología verde”.Todo siguió igual a simple vista, solo que el cielo que veíamos, no era tal. Lo reciclábamos todo, desde la ropa y la basura hasta los ladrillos de las casas que se derribaban. Todo se aprovechaba, todo se remendaba. No se podía fabricar nada que no estuviera ya creado. Se cerraron las fabricas. La bolsa y la especulación perdieron todo sentido y poco a poco, con la reticencia de los antiguos dueños del planeta, desaparecieron. El dinero tampoco tenía ya razón de ser. Se acabó prescindiendo de todo aquello que no tuviese una utilidad práctica y el ocio se empezó a basar en cosas que requirieran poco tiempo y recursos de preparación. La gente trabajaba con las manos y se comunicaba. La industria del cine desapareció en los primeros años. Las grandes cadenas de televisión cerraron y solo quedó abierto un canal educativo ante la falta de espacio para crear escuelas. La gente volvió a leer. Los teatros se convirtieron en el pasatiempo favorito.

En algunas zonas, donde las antiguas cárceles quedaban fuera de los núcleos poblados, se quiso prescindir de ellos y no se les dio protección frente a la radiación. Sorprendentemente, y para escarnio de aquellos que así lo decidieron, muchos de ellos sobrevivieron y se hicieron inmunes a las altas temperaturas y a la radiación solar. Le llamábamos los twaregs y eran acogidos en cualquier casa con respeto, pues de ellos dependió en gran medida nuestra subsistencia. Recolectaban del exterior especies vegetales que volvian a brotar, necesarias para alimentarnos y para crear nuevos medicamentos, ya que la producción intensiva era costosa y empezó a verse como una aberración. La temperatura regulada ayudó a que la proximidad y el encierro pasara sin sobresaltos y a que el calor no nos volviese agresivos. Se erradicaron el cáncer de piel y gran parte de las alergias ambientales.

Todos nos dimos un respiro. Nosotros recuperamos la vida que habíamos perdido en pos de la fama, el poder y el dinero. La tierra poco a poco también se recuperó. Cien años después de la construcción de la primera cúpula volvimos a salir al exterior y aprendimos a respetar aquello que tan generosamente se nos había ofrecido.

Lord Catwell


Tras ser amonestado por los miembros de la Sociedad Geográfica, Lord Catwell abandonaba el edificio sintiendo la humillación a su espalda. “¡Viajes en el tiempo, qué se habrá creído!” “Mi joven Charles, reconozco que a mi también me gustan las historias de Julio Verne, pero es absurdo que una persona con sus conocimientos sea capaz de pensar que eso es posible” “El propósito de la Sociedad Geográfica no es el de urdir semejantes patrañas”
Durante meses permaneció encerrado en el ala norte de palacio, donde dispuso un laboratorio en el que probar sus teorías. Una tarde de otoño reapareció en las estancias de la Sociedad escudado por su mayordomo y un criado joven. Un murmullo se apoderó de la sala y todas las cabezas rotaron para verle.
-Señores, les invito a que disfruten conmigo de mi nueva invención.
Dió media vuelta y se dirigió hacia los jardines, donde una esfera metálica con dos enormes máquinas de vapor a los lados esperaba majestuosa. Detrás de él, la flor y nata de la Sociedad Geografica se agolpaba para ver la ultima excentricidad del joven Barón. Este empujó hacia atrás su capa donde la esperaba su mayordomo y apoyó su bastón contra la esfera donde una parte del metal repujado se abrió haciendo las veces de puerta. Se introdujo en su interior y clavó el bastón en un orificio previsto para tal fin. La esfera empezó a vibrar al són de las calderas encendidas.
-Caballeros, Au Revoire.
El humo enmascaró el hecho de que la maquina no se había movido de su sitio durante los cinco minutos que duró el espectaculo. Charles Catwell abandonó su esfera con una enorme sonrisa, el pelo considerablemente largo y una edición del New York Times con fecha 14 de octubre de 2118.

Uno de hadas


«Tras un día agotador y en busca de un poco de calma a mis sentidos, me refugié en mi biblioteca en busca del libro perfecto para la ocasión. Me puse las gafas de ver de cerca y atiné con un volumen pesado que no tenía rótulos en el lomo. Vaya -pensé- Este ejemplar está aquí desde hace muchos años, pero yo, empeñado en leer complicada filosofía, nunca le había prestado atención. Debe tener tantos años como mis hijos, que ya son padres. Soplé delicadamente sobre las hojas del libro, aún cerradas, y una nube de polvo blanco revoloteó por la estancia, y lejos de hacerla irrespirable, la iluminó de un modo sutil. Despertó mi curiosidad de tal modo que decidí dejarme llevar por sus historias.
Me recosté en mi viejo butacón en la postura ideal para ponerme a navegar por maravillosas fábulas y me dispuse a leer, cuando noté una ligera presión sobre mi pie izquierdo. Me incorporé para ver qué había caído sobre mi zapatilla y, sorprendido, encontré una pequeña hada verde sentada sobre mi dedo gordo.
-¡Pero que cosa tan bonita!
No fui capaz de controlar mi entusiasmo al ver aquel diminuto ser sobre mi zapatilla y la pequeña hada, asustada, levantó el vuelo rápidamente hasta subir por encima de mis ojos.
-No te asustes pequeña. No te voy a hacer daño. Sólo quiero verte. Eres... eres una cosita preciosa.
Tras revolotear alrededor de mi cabeza, se posó sobre una estantería y me miró detenidamente, no sin cierto aire de desprecio.
- ¿Te gustan mis plumas negras?-preguntó altiva.
-¿Plumas negras? Yo sólo veo -toqué levemente con la yema de los dedos sus delicadas alas para que se desplegasen- unas alitas de colores casi transparentes y preciosas. Pero no veo esas plumas negras de las que hablas.
-¿Colores? Oh, vamos, los cuervos no tenemos alas de colores.
Intenté sofocar mi risa dándole forma de carraspera y volví a mirarla, creyendo estar en un sueño.
-Pero tú no eres un cuervo. Los cuervos son muy serios, y traen malas noticias, tú eres un hada, y las hadas sois buenas. ¿Verdad?
-¡¡Yo no soy un hada!! ¡¡Cómo tengo que decírtelo!!
-De acuerdo, un cuervo.
No quería que se enfadase innecesariamente. Sólo que se quedase allí conmigo para contemplarla y poder dar fe de su existencia. Aunque jamás pudiera hablar de esto a nadie sin que me tachase de loco. Revoloteó hasta aposentarse sobre la mesa de la biblioteca y echó un vistazo a los papeles que se amontonaban sobre ella. Alzó el vuelo sujetando una de las hojas hasta levantarla y comenzó a leerla detenidamente.
-¿Esto lo has escrito tú?- Me preguntó.
-Así es -le respondí aliviado creyendo que el extraño malentendido había terminado.- Quiero escribir un libro de cuentos infantiles para mis nietos. Y ahora que estoy jubilado tendré más tiempo para hacerlo...
La pequeña hada soltó el papel dejándolo caer de nuevo sobre la mesa y me miró con cierto brillo en sus ojos.
-Escribes cuentos...-afirmó con una voz femenina y sugerente como no se la había oído antes. Ese cambio de tono no podía ser fruto de mi imaginación. De repente dejaba de comportarse como un animalito perdido para mostrarse extrañamente seductora.
- ¿Escribirías para mí?
-Ppues... bueno- Vi cómo alzaba de nuevo el vuelo y se dirigía lentamente hacia mí.- ¿Y sobre qué te gustaría que escribiese?
-Sobre lo que tú quieras -dijo con la voz más sugerente que nunca. Rozó mi mejilla con sus alas al pasar hacia mi espalda.- Me gusta mucho que me cuenten cuentos. ¿Me contarás cuentos? -Susurró.
-Claro, si tú quieres...
Me giré para volver a tenerla cara a cara. Pero en lugar de un hada pizpireta me encontré una muchacha, de mi estatura, que me miraba entre seductora y desafiante. Sus alas habían desaparecido y sus ropajes negros caían lánguidos resaltando su incomparable belleza. Hizo una leve mueca de sonrisa y se acercó lentamente a mí.
-Te has comprometido. Ahora no te puedes echar atrás.
Tragué saliva mientras se acercaba más y más. Caminó alrededor de mi como antes lo había hecho mediante sus alas y me miró de reojo al hacerlo.
-Ya puedes empezar.

Poco tiempo después de aquella visita, de la que jamás pude hablar con nadie, mi mujer y mis hijos decidieron que lo mejor para mí era ingresarme en este psiquiátrico. Mi vida se había reducido a escribir y escribir. Cuanto más escribía, más creativa estaba mi mente y más se apoderaba de mi aquella maldita criatura.
He procurado no pensar en nada, pero las ideas vienen a mí aunque no las busque. Creo que es ella, que me da el alimento necesario para volver a por mí y absorber de nuevo lo que me queda de vida. No soy más que otro cerdo al que alimenta de fantasías novelescas para devorarlo después, pues de ello vive.
Me alegro cuando el enfermero me inyecta los sedantes y mi mente se vacía. En esos momentos creo que he ganado la batalla, pero la guerra sigue en pie.
Ahora, con la poca lucidez que me queda y antes de que esa zorra de las tinieblas vuelva a por mí, quiero avisaros de que existe. Quiero avisaros de que os encandilará, como lo hizo conmigo. Acabad con ella antes de que sea demasiado tarde.»

-Maldito loco, cada día estoy mas harto de estos chiflados. Menos mal que éste ya la ha palmado. ¿Con qué demonios crees que ha escrito todo eso?
Dos enfermeros miraban con desidia la carta póstuma que el anciano había dejado escrita en la pared. Uno de ellos se acercó para ver el relieve de las letras. En la habitación no había pintura, ni lápices, ni nada con lo que pudiera escribir. El viejo renunció a tenerlos "para no caer en tentaciones" había dicho. Tras mirar detenidamente la pared, olisqueó para intentar reconocer el origen de la tinta y encogió rápidamente el gesto. Miró a su alrededor y encontró tirado en el suelo, muy cerca de donde habían hallado el cuerpo del anciano, una pequeña rama, seguramente arrancada del magnolio que crecía junto a la ventana de la habitación. Siguió revisando el suelo para dar con un orinal sucio. levantó la vista y miró al otro enfermero que empezó a atar cabos.
-Oh, no, no, no.-Se echó las manos a la cabeza. Ahora comprendía por qué olía tan mal en la habitación.
Se esmeraron en limpiar las paredes y volver a pintarlas rápidamente, para volver a ocupar la celda con un nuevo esclavo de su propia mente, pero nadie reparó en lo que en ella decía. Bajo las capas de pintura, el mensaje de aviso desapareció para siempre.

Terminado el engorroso turno. Uno de ellos de dirigió hacia su coche. Se detuvo delante de la puerta para buscar las llaves, que, tras sacarlas de su bolsillo, cayeron al suelo. Al agacharse a por ellas vio una sombra extraña bajo su auto. Se acercó para ver qué era y descubrió un voluminoso libro de cuentos forrado en piel y sin letras en el lomo. Miró a su alrededor por si encontraba a quien lo hubiera perdido pero no vio a nadie.
-Tiene unas ilustraciones fantásticas. Quizás las pueda copiar para practicar un poco.
Cerró el libro y sopló sobre las tapas para sacudirle el polvo que pudiera haber cogido en el suelo. Lanzó el libro sobre el asiento trasero, se sentó y arrancó el motor.
En ese preciso instante, desde el espejo retrovisor, presenció cómo una extraña luz verde se movía tras él.